Brooklyn, la candidez de una mirada

Brooklyn, la candidez de una mirada

“Brooklyn” es el sueño de emprender un camino nuevo y emocionante. Un lugar con infinitas posibilidades donde poder crecer y la promesa de alcanzar una vida plena. Así comienza la historia de Eilis, una joven irlandesa que deja atrás a su familia para embarcarse rumbo a la gran ciudad de Nueva York. Una travesía hacia la madurez con el dulce aroma de las grandes historias de amor.

La gran virtud de “Brooklyn” es que los adjetivos (piropos) que se puedan aplicar a la película son totalmente atribuibles a la chica protagonista. Una historia sencilla, inocente y sincera. Insisto en que hablar de la película es hablar de su protagonista porque nosotros vemos la vida tal cual la observa ella a través de sus enormes ojos azules. La dulzura de su mirada nos presenta un mundo demasiado amable y con una gran carga positiva incluso en la adversidad. Ahí radica la fuerza interior de la joven que lucha por no venirse abajo frente a la nostalgia y la soledad.

Por momentos puede pecar de ingenuidad pero no la historia sino ella. Nosotros no conocemos más que lo que sus ojos nos cuentan. Los personajes son presentados de forma muy plana y sencilla sin matices. Esa carencia de escala de grises es debido a que la protagonista ve a las personas de esa forma.

El guión lo firma el literato Nick Hornby (“Alta fidelidad”) que sigue la línea del proceso de madurez de una joven como también escribió en “An Education”. Sin embargo, esta vez la protagonista no se da de bruces contra la realidad sino que sabe aceptar todo lo que venga. Una sensatez que le sirve de guía ante los diferentes avatares de la vida aún sin tener muy claro la verdadera razón de su viaje a Brooklyn.

La historia avanza a fuego lento y desemboca en la difícil decisión entre escoger su hogar de Irlanda o la pequeña pensión de Nueva York. La elección se ve reflejada en las dos historias de amor que vive a cada lado del charco. Uno le ofrece el reconfortante futuro de una vida tranquila, el otro la promesa de construir un hogar con sus propias manos.

A esto me refiero cuando hablo de 'La Mirada' de Saoirse Ronan.
A esto me refiero cuando hablo de ‘La Mirada’ de Saoirse Ronan.

“Brooklyn” nunca podría haber existido sin Saoirse Ronan, la poseedora de tales ojazos. Ella sostiene con mano firme toda la película. Se muestra frágil en los momentos de ingenuidad pero siempre sólida como una roca por esa sensatez de la que antes hablábamos. Más tarde, el amor y la seguridad afloran en su rostro hasta el momento que ruge de sus entrañas su mayor deseo: convertirse en una mujer que sabe defenderse por sí misma. Mención especial se merece la escena de la boda. Ni que decir tiene que Saoirse Ronan ha superado con nota su prueba de madurez como actriz y por eso se ha ganado su segunda nominación al Oscar.

El resto del reparto están muy acertados. El joven Domhnall Gleeson me parece un actorazo con mucho futuro pero aquí se mantiene en un segundo plano. El guiño a la elegancia neoyorquina se deja en manos de la televisiva Jessica Paré (“Mad Men”). La luz y los colores también juegan un papel importante a la hora de reflejar el estado anímico de la protagonista. Se viaja de una tonalidad grisácea a los colores vivos por medio de los escenarios, las estaciones del año, el maquillaje y los vestidos que transmiten las emociones de los personajes e incluso su clase social.

“Brooklyn” es la belleza clásica del cine británico. La candidez de una mirada que te atrapa irresistiblemente. No puedes dejar de sentirte cómplice de su inocencia y su dulzura. Sin empalagar, sabe llegar su mensaje alto y claro. Y es que los clásicos nunca pasan de moda.

Brooklyn: 7,5/10

PD: Todos hemos vivido un “Brooklyn” alguna vez.

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