De ninguna parte

De ninguna parte

Hace ya un tiempo, Dani me preguntó: ¿Sigues sintiendo que eres de tu tierra o ya te sientes fuera de lugar en todos los sitios?

Mi hogar es, o al menos era, éste. Aquí está mi casa, aquí están mis amigos, aquí estás TÚ. Era sencillo, de lunes a viernes trabajando en “la capi”. Los fines de semana a casa, con mi gente, contigo. ¿Y ahora?

Ahora en casa sólo queda mi pobre ficus al que riego una vez al mes, en la calle sólo queda desolación y gente quejándose porque no quiere irse a “la capi” a trabajar, y tú ya no eres TÚ.

Ha sucedido, ya no soy de allí, tampoco soy de aquí. No es tan malo como suena. Me da pena por mi casa, la gente se mueve, hoy están aquí, mañana allí. Estoy casi seguro de que nuestros caminos se volverán a cruzar. Y quitando eso, tampoco hay tanta gente a la que echaría de menos. Me da pena por mi casa.

¿Y si al final del final no vuelves, y te quedas sin tu casa? ¿Tanta sensación de fracaso tendrías? No sé. ¿Te daría más pena por ti o por mamá? No sé. Sí que tienes un problema de tres pares de cojones…

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